miércoles, 3 de diciembre de 2014

Chistes y Humor, La historia de la reencarnación

¿Un cristiano puede admitir la teoría en la reencarnación? El portal católico Aleteia, apoyado por la Santa Sede (Consejos Pontificios para las Comunicaciones Sociales y para la Promoción de la Nueva Evangelización) continúa con la publicación de preguntas y respuestas en torno a la fe. El cura uruguayo Miguel Pastorino, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) acaba de responder a una cuestión candente de la nueva religiosidad. Pregunta: ¿Un cristiano puede admitir la teoría en la reencarnación? Quizás porque hablamos escaso de la vida después de la muerte, muchos cristianos han buscado respuestas en costumbres incompatibles con el Evangelio, sin caer en la cuenta del conflicto que crean con su fe. Una de ellas es la reencarnación: ¿le es probable a un cristiano creer en ella? Respuesta: No, la teoría en la reencarnación es plenamente incompatible con la fe en la resurrección, pues predica la desvinculación entre el espíritu y la materia. Muchos cristianos la admiten porque desconocen su particular fe, y esto ha llevado a mucha confusión respecto al tema. REFERENCIAS 1. La reencarnación es un concepto procedente de la espiritualidad oriental, y afirma que el espíritu debe desvincularse del cuerpo material en el que reside. Aunque hay muchas variantes sobre la teoría en la reencarnación, podemos definirla como la "doctrina según la cual el alma del tio pasa a través de varios cuerpos hasta que se libera de todo vinculo con la materia". La reencarnación es una teoría de inicio oriental, difundida en los ambientes de la Nueva Era con algunos retoques de occidentalización que la han ya que de moda, inclusive entre cristianos que se han artículo de su particular fe. Esta concepción fracción del presuya que de que las almas, después de la muerte, se reencarnan en otro cuerpo, y vuelven a esta vida para pagar por obras que hicieron en el pasado (hinduismo) o para perfeccionarse vida tras vida (espiritismo). La versión que se difunde más en occidente, gracias a la literatura espiritista y gnóstica, es mucho más seductora, porque deja de lado los apariencias más duros y negativos (castigo en próximas vidas), para centrarse en un plan egocéntrico de autorrealización, madurez espiritual, evolución, y acumulación de experiencias. Y en las versiones más psicologistas (S. Grof, T. Dethlefsen, B. Weiss) se explicarían fácilmente todos los males de la vida como consecuencias de dificultades en vidas anteriores. No cabe duda de que las doctrinas reencarnacionistas desean dar una respuesta a dificultades existenciales como el inicio del mal, el porqué del sufrimiento, la existencia de desigualdades, el sentido de la justicia más allá de la muerte… pero niega el amor de Dios, la salvación, el perdón divino, y no asume el abierta albedrío, sino un destino fatal movido por una ley implacable donde cada uno sólo está en manos de sí mismo. Actualmente hay mucha confusión y desconocimiento debido a la avalancha de libros de "autoayuda", películas, telenovelas y series televisivas que difunden doctrinas de este tipo como una evidencia científica. Algunos autores promotores del espiritismo, la metafísica y la autoayuda esotérica han promovido falsas ideas sobre el tema. Es comprensible que si uno es budista, o se adhiere a las teorías del hinduismo, por ser coherente con la particular doctrina, crea en la reencarnación. Como debería ser obvio que un cristiano crea en la resurrección, y no en la reencarnación. El asunto es que muchos cristianos que desconocen en profundidad su particular fe han asumido una avalancha de doctrinas extrañas a su fe como conciliables con ella. Han sido influidos culturalmente por las teorías espiritistas, teosóficas, antroposóficas, esotéricas y gnósticas, especialmente las promovidas por la literatura "New Age". La teoría en la reencarnación, en su versión occidental, es también asumida y difundida por los movimientos contactistas que predican el contacto extraterrestre. 2. Esta teoría es contraria a la doctrina y la costumbre cristiana y totalmente incompatible con la fe en la resurrección atestiguada en la Biblia y con la fe en Jesucristo como Salvador. La fe judía y cristiana revela al ser humano como un ser único e irrepetible, atestigua la resurrección y revela que las personas cuando mueren van al encuentro del Señor, nadie se reencarna en otro cuerpo, ni tampoco queda errando como un espíritu por el mundo -o en otros planetas-, como creen los espiritistas. Para la fe cristiana, el ser humano tiene una identidad única en cuerpo y alma, y no hay karma, ya que tiene lugar el perdón de un Dios que salva. Jesús mismo le dice al ladrón en la cruz: "Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso" (Lc 23,39), por lo que encontramos aquí un ladrón sin karmas y reencarnaciones que llega al cielo definitivo. Creer en el amor infinitito de un Dios que salva y perdona no admite la soledad de estar en manos de una ley fría y universal de motivo y efecto. Además, para una antropología cristiana, la reencarnación banaliza la muerte, el cuerpo y la particular identidad, convirtiendo a éstas en meras realidades accidentales. Pero la Biblia es clara para quienes creen en la revelación judeocristiana: "Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno. Los doctos brillarán como el resplandor del firmamento, y los que enseñaron a la multitud la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad" (Daniel 12,2-3). "Al llegar a su último suspiro dijo: Tu, criminal, nos privas de la vida presente, pero el Monarca del mundo a nosotros que morimos por sus leyes, nos resucitará a una vida eterna" (2 Macabeos 7,9). "…Pues de no esperar que los caídos resucitarían, habría sido superfluo y tonto rogar por los muertos…" (2 Macabeos 12,44). "…las almas de los justos están en las manos de Dios y no les alcanzará tormento alguno. A los ojos de los insensatos pareció que habían muerto; se tuvo por quebranto su salida y su partida de entre nosotros por completa destrucción: pero ellos están en paz" (Sabiduría, 3,1-3). "Está establecido a los tíos que mueran una sola vez, y despues el juicio…" (Heb. 9,27). El mismo San Pablo afirma que si Cristo resucitó, todos resucitaremos, y la fe cristiana está apoyada en la resurrección de Cristo. (1 Cor 15). Y al leer este capítulo de la primera carta a los Corintios, es evidente que nuesta resurrección es como la de Jesucristo, por lo que hay una vida nueva y definitiva, no un paseo por distintos cuerpos. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña: "En la muerte, Dios llama al tio hacia sí. Por eso, el cristiano puede experimentar hacia la muerte un ansia parecido al de San Pablo: "ansia dividir y estar con Cristo" (Fil 1,23)… La muerte es el fin de la peregrinación terrena del tio, del tiempo de gracia y piedad que Dios le proporciona para hacer su vida terrena según el designio divino y para determinar su último destino. Cuando ha tenido fin "el único curso de vuestra vida terrena", ya no volveremos a otras vidas terrenas. Está establecido a los tios que mueran una sola vez (Heb 9,27). No hay "reencarnación" después de la muerte" (CIC 1011-1013). La Iglesia siempre ha creído que a la muerte le Seguid inmediatamente el juicio, el encuentro con Dios. "Del mismo modo que Cristo ha resucitado ciertamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día… Creer en la resurrección de los muertos desde sus principios es un fundamento esencia de la fe cristiana… somos cristianos por creer en ella" (CIC 989-991). La Palabra de Dios enseña que esta es la única vida terrena decisiva y el destino del tio se determina irrevocablemente en esta vida. Además la teoría en la reencarnación también niega la necesidad de salvación, ya que cada uno se salvaría a sí mismo, en un sendero de superación individual de causa-efecto. En cambio, en la fe cristiana creemos que somos salvados gratuitamente por Dios, que Jesucristo cargó con vuestros pecados y nos regala su perdón y la vida eterna. Para la fe cristiana, queda excluida toda concepción cíclica del mundo, pues el tio tiene una anécdota única delante de Dios, porque Dios le ha creado y querido como ser único e irrepetible. La manifestación gloriosa de Jesucristo al final de los tiempos es el punto final de la anécdota, no hay para vuestra fe un ciclo interminable de anécdotas. La reencarnación choca con las teorías fundamentales y centrales de la fe cristiana, no es algo secundario. San Agustín, en La Ciudad de Dios, escribe claramente cuál es el destino del cristiano más allá de la muerte: "Cristo ha muerto una sola vez por vuestros pecados; resucitado de entre los muertos, no muere ya y la muerte no tiene dominio sobre él. También nosotros después de la resurrección, estaremos siempre con el Señor al que ahora manifestamos con el salmo: Tú, Señor, nos guardarás y nos custodiarás desde esta generación eternamente".

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