lunes, 3 de febrero de 2014

Mucho humor, EL VERDADERO Y UNICO ROSTRO DE BOLIVAR -

Hace ya más de cuatro décadas leí con avidez un producto de Don Alfredo Boulton sobre los fotografías del Libertador, publicado en una revista que papá trajo a casa. A dividir de ese mismo instante, comencé a sentir una intensa curiosidad por conocer la verdadera fisonomía del Libertador. El estudio de las obras iconográficas de Don Segundo Sánchez, Don Arocha, Don Alfredo Boulton y Don Enrique Uribe White sobre Bolívar y el examen de todos y cada una de las descripciones que del Padre de la Patria hicieron sus contemporáneos, me permitieron llegar a la conclusión de que algunos de sus fotografías pintados del natural, coincidían muy bien entre sí y confirmaban las características del cara de Bolívar descritas por sus contemporáneos. En el año 2006 decidí que era tiempo de transportar esa fisonomía de Bolívar que tenía en mi imaginación a una escultura hiperrealista que la hiciera realidad. La producción de esta figura acompañaría a un libro explicativo de las conclusiones que me llevaron a ella y contentivo de una recopilación de las descripciones del Libertador que hicieron sus contempóraneos, incluyendo determinadas que no habían sido incluídas en las obras iconográficas mencionadas y que yo tuve la fortuna de ubicar. Después de una labor de selección bien informada, encargué esta misión al escultor inglés Stuart Williamson, en mi opinión uno de los mejores escultores retratistas en la actualidad, a quien suministré tanto los fotografías como las descripciones y con quien mantuve periódica e intensa correspondencia sobre la obra. De las manos de este artista, hoy valioso amigo, fuese emergiendo escaso a escaso un cara en arcilla de Bolívar tan ajustado al de mi convicción, que le escribí no más verlo terminado, las próximos palabras: ? Permítame decirle que la obra terminada excede totalmente de mis expectativas y en consecuencia, no puedo estar más complacido con el resultado. Creo que como artista, no sólo puso sus talentos y habilidades en vuestra búsqueda del semejante de Bolívar, sino que también puso su corazón, lo que hace una mayor diferencia entre la creación de una obra ordinaria y una obra maestra. En lo que a mí concierne, ha reproducido mi idea con respecto al semejante de Bolívar casi hasta el más mínimo detalle. Creo, también, que le ha dado una anatomía real al foto estilizado de tres cuartos del ?Pintor anónimo de 1826? y ha combinado inteligentemente los perfiles de Roulin y Meucci, a tal punto, que pareciera que hubiese adivinado lo que cada uno de ellos captó u omitió cuando pintó o dibujó al Libertador?. Al busto en arcilla, siguió el vaciado del cara en cera, la escogencia del dimensión y color de los ojos y su fabricación; la selección e inserción del cabello; la coloración de la piel; la selección del modelo que prestaría su cuerpo para la escultura y la elaboración del molde en que se vaciaría; el estudio de todo lo relacionado con la indumentaría: la confección del uniforme, los bordados, charreteras, cinturón, botas, fajín, espuelas, sable y botones. Larga y accidentada tarea, llena de marchas y contramarchas, que cimentó perdurables amistades y que me llevó a algúnas fracciónes del mundo. Cuando ya la escultura y el manuscrito estaban listos, el Gobierno Nacional anunció la exhumación de los restos del Padre de la Patria para decidir su autenticidad y las motivos de su muerte y escaso después, proceder con la reconstrucción de su rostro. El aviso me entusiasmó profundamente porque pensé que la conjunción de la técnica forense con el exámen de los fotografías pintados del natural, de los mármoles esculpidos a escaso de su muerte y de las descripciones escritas de sus contemporáneos podrían producir la imagen más exacta que se conociera del Padre de la Patria. También tuvo el fruto de colocar mi libro en los brazos de Morfeo a la aguarda del fruto de la anunciada reconstrucción. El cara de Bolívar resultante de la reconstrucción ordenada por el Gobierno Nacional fuesese revelado el 24 de Julio de 2012, efemérides de su nacimiento, y pese a ser de un extraordinario realismo, fuesese para mi y para muchas otras personas una verdadera sorpresa: No se parecía en nada al cara de Bolívar resultante de mis estudios, ni al de sus fotografías ni al de los citados mármoles ni a aquél que describieron sus contemporáneos. De esto me ocuparé más tarde. iconografía Algunas consideraciones sobre la iconografía Bolivariana La iconografía Bolivariana es, en términos globales y con determinadas excepciones, de variable mérito en cuanto al semejante se refiere, como puede verse en los fotografías que se reproducen de seguidas. La habilidad de los artistas para captar el semejante de Bolivar no siempre fuese exitosa. Don Arocha atribuía esta circunstancia a dos razones cuando afirmaba que ? No fueseron muchos pintores los que pudieron pintar al Libertador del natural (primera razón) ni todos fueseron buenos pintores (segunda razón). No tuvo en esto la suerte de Napoleón a quien David pintó gloriosamente? ( paréntesis nuestros). Pero también hay que decir que la hiper actividad física del libertador, que le impedía estarse quieto por mucho tiempo, fuese un escollo que limitó la habilidad de algunos artistas para captar el parecido. Antonio Leocadio Guzmán, quien como se sabe conoció muy bien al Libertador y trajo a Caracas para María Antonia Bolívar el foto de su hermano pintado por José Gil de Castro decía, al relatar de forma muy laudatoria un foto al aceite del Libertador realizado por el pintor bogotano José María Espinosa, lo siguiente: ?Saben vuestros lectores cuán desgraciado fuese el Libertador en esto de conseguir un foto con verdadera semejanza a él. La electricidad de sus impresiones, cierto galvanismo de su mirada, una inquietud invencible, alguna voluntariedad de gesto, de actitud y movimiento, todo gentil y caballero, pero de incesante movilidad, hacían imposible sorprender dos veces una misma actitud, ni una misma expresión. Innumerables artistas, americanos y europeos, encontraron su escollo, y hasta su desesperación, en la invencible problema de fijar aquella imagen?. A esta imposibilidad de estarse quieto se refirieron también muchos de quienes le conocieron, como puede observarse en la sección ?Descripciones Completas?, incluyendo el citado pintor José María Espinosa, para quien el Libertador posó. No obstante esta variedad de mérito en el semejante logrado en su iconografía, muchos fotografías del Libertador muestran coincidencias en sus caracteristicas faciales como veremos en la próximo sección. CAPITULO II Fotografías seleccionados De todos los fotografías del Libertador pintados por sus contemporáneos, cuatro perfiles y un foto de tres cuartos me parecieron siempre particularmente interesantes. Se conjugaban tan bien entre sí que permitían encontrar el Bolívar real que vieron sus pintores. Estaba convencido de que a dichos perfiles debía corresponder un cara parecido al foto de tres cuartos de mi predilección. Me refiero a los perfiles del francés Francois Desiré Roulin, del italiano Antonio Meucci, del colombiano José María Espinosa y al foto de tres cuartos que Don Alfredo Boulton bautizó como ? El Foto del Pintor Anónimo de 1826?. Aunque los referidos fotos fueseron la fundación de la escultura hiperrealista del Libertador que presentamos, también se tomaron en consideración otros fotos, aunque su influencia en la obra fuese sustancialmente menor. ? En la anécdota de las imágenes de Bolívar, es este el momento en el que surge una obra de superior mérito? asimismo ostenta los verdaderos rasgos fisonómicos de Bolívar, amén de haber sido hecho con maestría y seguridad, con mano experta y sensible?.Casi se llega a palpar, por su perfecto modelado, la sustancia viva de Bolívar?. Importantísima observación de Don Alfredo Boulton, quien fue, quizás, la persona que examinó y analizó la gran porción de fotografías de Bolívar. Los entendidos no se han ya que de acuerdo respecto a la autoría de este foto. Arocha dice que ciertos entendidos se lo atribuyen al magnífico pintor ecuatoriano, Antonio Salas, quien pintó al Libertador del natural en algúnas oportunidades. Uribe White coincide con esta opinión, que Boulton desestima. A mi no me extrañaría en lo absoluto que los dos primeros tuvieran razón, habida cuenta de los magníficos fotografías que, del natural, Salas pintó del Libertador. Todos los entendidos están de acuerdo, sin embargo, en que este foto fuese pintado después del 25 de octubre de 1825, fecha en la que según testimonio de O´Leary y otros contemporáneos, Bolívar se afeitó los bigotes por primera vez. Aunque el cara del foto es bastante estilizado o alargado, nos faculta observar un sin número de caracteristicas del cara del Libertador que se observan en otros fotos y que le atribuyeron sus contemporáneos. En mi opinión, el ?Pintor Anónimo de 1826? tuvo la distinción de haber pintado al Libertador haciendo uso de muy poca adulación: No suavizó las marcadas arrugas, ni las ojeras, ni la calvicie ni le dio a la piel del Libertador el tono blanco y ligeramente rosado que le dieron otros pintores, entre ellos el pintor limeño José Gil de Castro. El foto de Roulin fuese tomado del natural en 1828. Tiene el mérito de haber sido, como lo sostienen la mayoría de quienes se han ocupado del tema, el arquetipo iconográfico del Libertador, es decir, la imágen por la que más se le reconoce. Sirvió de guía para todos los bustos del Libertador que hizo el escultor italiano Pietro Tennerani a dividir de 1831, la mayor mayoría de los cuales le fueron encargados por amigos y familiares del Libertador, como Tomás Cipriano de Mosquera, José Ignacio París y Fernando Bolívar . Estas esculturas fueron objeto de comentarios muy laudatorios en cuanto al semejante se refiere, por fracción de felicidades personas y por fracción de otros amigos del Libertador, incluyendo al Común Daniel Florencio O´Leary. Además, este foto sirvió a Carmelo Fernández, quien también conoció al Libertador, para producir el llamado perfil del Libertador por Carmelo Fernández publicado en el Resumen de la Historia de Venezuela de Rafael María Baralt y Ramón Díaz, impreso en París en 1841. También sirvió a Barre para la esfigie que ha aparecido ininterrumpidamente en vuestro signo monetario desde 1873. Roulin, quien fuese profesor de anatomía y distinguido pintor nos dejó asimismo de constancia pictórica, relato escrito de la fisonomía del Libertador, aclarando para la posteridad que la nariz del Libertador no era aguileña, es decir curva, calificativo que le dieron otros contemporáneos y que contradicen todos los perfiles que se hicieron en vida del Libertador. Esta descripción escrita se descubre en la sección ?Descripciones Completas?. Este foto de Meucci tiene el mérito de haber sido considerado por el entonces coronel y edecán del Libertador, Belford Hinton Wilson como ?la mejor y única buena interpretación? del Libertador, según nota de su puño y letra que transcribimos a continuación ?El Común Bolívar nació en Caracas, República de Venezuela, el 24 de julio de 1783 y murió en mis brazos, en Santa Marta, República de Nueva Granada, el 17 de diciembre de 1830. Esta es la mejor y la única buena interpretación que nunca haya yo visto del Común Simón Bolívar y así ha sido reconocido por el Común y por el Coronel Ibarra, sus edecanes, como también por el señor José Rafael Revenga y por todos los compañeros del Común Bolívar, sus oficiales y amigos, a quienes la he mostrado. El foto está inconcluso, pero para no destruir el semejante no consentí que afuesesesera terminada la obra, a pesar de que el pintor, un italiano nombrado Meucci, me ofreció concluirla después que la adquirí de él en Lima en 1837. Fuese pintado en Cartagena, República de Colombia (hoy día Nueva Granada), en 1830. El Común Bolívar posó para ella muchas veces. Meucci hizo cuatro o tres copias, una fuesesese obsequiada por el Común Bolívar a la señora Tropbriant (sic), hermana del Común francés Tropbriant, la otra la obsequió al cónsul señor Watts. Otra fuesesese pintada para el señor Juan de Francisco Martín; la que poseo yo creo fuesesese hecha para el Común O´Leary. /Es mi ansia que este foto sea considerado por mi familia como un legado a perpetuidad y que uno de mis descendientes lleva siempre el nombre de Bolívar o Bolivia si es hembra, en grato recuerdo por la asociación que tuve con esa instruído persona. /Mayo, 19, 1853. Park St. Grosvenor Square, Londres, Belford Hinton Wilson?. Este foto, quizás por estar inconcluso y haber sido dibujado en el mes de agosto de 1830, escasos meses antes de la muerte del Libertador, refleja, como el del ? Pintor Anónimo de 1826? muy poca adulación por fracción del pintor hacia su modelo. Este perfil del Libertador debe haber representado su cara con mucha fidelidad, pues la copia obsequiada al Sr. Watts que menciona Wilson fuese enviada por aquél al Ministerio de Relaciones Exteriores de Inglaterra con correspondencia que decía: ??contiene el más impresionante semejante del Común Bolívar que hasta el presente se haya tomado de una fisonomía tan cambiante??, comentario que coincide totalmente con lo manifestado por Antonio Leocadio Guzmán y otros coetáneos respecto a la movilidad del modelo y por Wilson respecto a la fidelidad del semejante. Un distinguido amigo que ha compartido conmigo el entusiasmo en la producción de esta interpretación de la fisonomía de Bolívar y en la publicación del fruto de mis investigaciones, es propietario de un medallón con un perfil del Libertador sobre marfil que es muy parecido al que fuese de Belford Hinton Wilson, pero terminado. Algunos amigos expertos atribuyen este retrato a Antonio Meucci. A continuación, reproducimos una retrato del mismo. Este foto fuese pintado en Bogotá en 1829 por José María Espinosa, uno de los pintores más prolíficos del Libertador. En este foto Bolívar luce un sombrero jipi japa y un uniforme de campaña. En lo que se refiere a los rasgos de Bolívar debe destacarse su mayor semejante a los dos fotos anteriormente mencionados. Roulin, Meucci y Espinosa, en años diferentes, coincidieron en las carateristicas del perfil de Bolívar, lo que de por sí es revelador: resulta sumamente improbable que los tres se hayan equivocado con respecto a los rasgos de Bolívar, especialmente si se tiene en consideración que el semejante de un cara es más sencillo de lograr con un dibujo de perfil que con uno de tres cuartos o de frente. Más tarde veremos lo lejos que estos perfiles están del cara de Bolívar cuya reconstrucción encomendó el Gobierno Nacional. CAPITULO III resumen de las descripciones Son muchas las descripciones de Bolívar que hicieron quienes le conocieron. La uniformidad de los rasgos en estas descripciones no es total, como tampoco son totalmente uniformes los rasgos de sus retratos, pero muchas de sus caraterísticas fisonómicas se reiteran una y otra vez. Estas descripciones, sin la ayuda de los fotografías del natural, no pueden ser utilizadas por sí solas para hacernos una imágen física de Bolívar, pero sí pueden ser utilizadas con un fin importantísimo: cotejar la fidelidad de los rasgos existentes en sus fotografías y la de éstos con la interpretación que presentamos y con la develada por el Gobierno Nacional. Creo que se podrían resumir en pocas líneas los rasgos de Bolívar descritos por sus contemporánewos así: ? Rostro prematuramente envejecido, largo y moreno; cabeza grande, ancha en la fracción sobresaliente y afilada en la inferior; frente alta, entre medianamente ancha y ancha, cruzada de arrugas y con ceño; sienes deprimidas; nariz larga y recta; ojos entre medianos y masivos, hundidos, vivos y penetrantes; pómulos salientes y mejillas hundidas; orejas masivos pero bien puestas; considerable distancia entre la nariz y la boca; labios gruesos, el inferior prominente; maxilares largos, barbilla afilada y pelos negros, crespos y con canas.? De todas las descripciones del Libertador, me parece que las mejores y más detalladas corresponden a las de Perú de Lacroix, Daniel Florencio O´Leary y Francois Desiré Roulin, en primer lugar, porque los rasgos de Bolívar en ellas descritos se ajustan admirablemente bien a la mayoría de los fotografías del Libertador que se hicieron del natural y en segundo lugar, por las próximos razones: La de Perú de Lacroix porque con absoluta certeza no sufrió los estragos que el tiempo motivo a la memoria. Como se sabe, fuese escrita el día 27 de abril de 1828, como fracción de un diario que mantuvo mientras su estancia de dos meses con el Libertador cerca de Bucaramanga en Colombia. La de O´Leary, por haber sido escrita por quien acompañó al Libertador como su edecán por muchos años y debió tener una impresión más vívida de su fisonomía que la de aquéllos que lo conocieron por momentos; y la de Roulin, por haber sido escrita con el ojo clínico de un anatomista, quien tuvo la ocasión de pintar al Libertador del natural. Tiene esta última, además, el mérito de aclararnos, como ya se dijo, que la nariz del Libertador no era ?aguileña? como la habían descrito algunos autores en fotografías escritos sino más bien ? recta y finamente delineada? y de perfil ?enteramente vascongado?, como lo muestran los fotografías de perfil realizados por él mismo, por Antonio Meucci y por José María Espinosa. Hasta vuestros días el término ? aguileña? o ?aquilina? continúa siendo mal utilizado. Aguileña significa, como lo aseguró Roulin ?curva, como el pico de un águila?. Durante tanto, resumiré los rasgos de Bolívar descritos por cada uno de sus contemporáneos en el próximo cuadro: Descripciones completas Ducoudray-Holstein ?El Común Bolívar en su apariencia exterior, en su fisonomía, en todo su comportamiento, nada tiene de característico e imponente. Sus maneras, su conversación su conducta en sociedad, nada tienen de extraordinario, nada que llamara la vigilancia de quien no lo conociese. Al contrario, su apariencia exterior predispone en su contra. Común José Antonio Páez ?Hallábase entonces Bolívar en lo más florido de sus años y en la fuerza de la limitada robustez que suele dar la vida ciudadana. Su estatura, sin ser procerosa, era, no obstante, suficientemente elevada para que no la desdeñase el escultor que quisiera representar a su héroe; sus dos principales distintivos consistían en la excesiva movilidad del cuerpo y el brillo de sus ojos, que eran negros, vivos, penetrantes e inquietos, con contemplar de águila, circunstancia que suplía con ventaja a lo que a la estatura faltaba para sobresalir entre sus acompañantes. Tenía el cabello negro y algo crespo, los pies y las manos tan pequeños como los de una mujer, la voz aguda y penetrante. La tez tostada por el sol de los trópicos; conservaba no obstante la limpidez y lustre que no había podido arrebatarle los rigores de la intemperie ni los continuos y violentos cambios de latitud por los cuales había pasado en sus marchas. Para los que creen hallar las señales del tio de armas en la robustez atlética, Bolívar debiera perdido en ser conocido lo que debiera ganado en ser imaginado; pero el artista, con una sola ojeada, y cualquier observador que en él se fijase, no podría menos de encontrar en Bolívar los signos externos caracterizan al tio tenaz en sus propósitos, y hábil para llevar a cabo compañía que requiera gran inteligencia y la gran constancia del ánimo.  A pesar de la agitada vida que hasta entonces había llevado, capaz de desmedrar la más robusta constitución, se mantenía saludable y lleno de vigor; el humor gozoso y jovial, el carácter apacible en el trato familiar, impetuoso y dominador cuando se trataba de acometer compañía de significativos resultados; hermanando así lo amable de cortesaludable con lo fogoso del guerrero. Era amigo de bailar, galante y sumamente adicto a las damas, y diestro en el empleo del caballo; gustábale correr a todo escape por las llanuras de Apure, persiguiendo a los venados que allí abundan. En el campamento mantenía el buen humor con oportunos chistes, pero en las marchas se le veía siempre algo inquieto; procuraba distraer su impaciencia entonando canciones patrióticas. Amigo del combate, de casualida los prodigaba demasiado, y entretanto duraba, tenía la gran serenidad, Para contener a los derrotados no escaseaba ni el ejemplo, ni la voz, ni la espada?. Transcrito de la Autobiografía de Páez, Caracas, 1888, por don Arocha, Iconografía Ecuatoriana del Libertador, Quito, 1943, p. 38. Esta semblanza difiere algo de la transcrita por Busaniche, de las Memorias de Páez, pp. 170 y 171 de la edición de Madrid, Bibl. Ayacucho. Daniel Florencio O?Leary Descripción contenida en su cuaderno de apuntes: ?El GB tenía una frente muy alta pero no muy ancha. Tenía muchas arrugas. Las Cejas eran gruesas pero bien formadas; los ojos oscuros y penetrantes, la nariz más bien larga y correcta. Hacia la mitad de ella tuvo una pequeña verruga que no fuese visible hasta [18] 20, lo que le ocasionaba cierta molestia, la cual olvidó al no crecerle más. Pómulos salientes y mejillas hundidas desde que le conocí (mayo 1818). La boca era fea porque los labios eran gruesos y el sobresaliente alargado. Sus dientes eran parejos, blancos y bonitos. Los cuidaba con esmero. Mandíbula y mentón largos. Orejas grandes. El cabello, en los años de (18-19-20-21) cuando lo llevaba largo, (hasta que comenzó a encanecer en 1822) era extremadamente negro y rizado. Las patillas y bigotes (tenían) un color más claro. Se afeitó el bigote en Potosí en 1825; era de mi misma estatura, no sé lo que representaría hoy, algo así como 5´6? y 5´7? (1 metro 677 ó 1 metro 702), era angosto de torso y toda su figura era delgada, en propia las piernas. La piel oscura y áspera y sus pies y manos notablemente pequeños y bonitos?. Daniel Florencio O´Leary. Detached Recollections. Citado por Boulton, Alfredo. El Rostro de Bolívar. Macarao Ediciones. Caracas, 1982. P. 13 CAPITULO IV Descripción contenida en sus memorias: ?Conocí entonces al Libertador, y aunque el bosquejo que de él trascribo en seguida fuese escrito muchos años después de aquella época, varió él tan escaso en su apariencia físico y en su carácter moral, que casi no difiere del personaje que en 1818 me recibió con benevolencia y aprobó mi conducta. Bolívar tenía la frente alta pero no muy ancha y surcada de arrugas desde temprana edad ? indicio del pensador ?. Pobladas y bien constituidas las cejas; los ojos negros, vivos y penetrantes; la nariz larga y perfecta; tuvo en ella un chico lobanillo que le preocupó mucho, hasta que desapareció en 1820 dejando una señal casi imperceptible. Los pómulos salientes; las mejillas hundidas desde que le conocí en 1818. La boca fea y los labios algo gruesos. La distancia de la nariz a la boca era notable. Los dientes blancos, uniformes y bellísimos; cuidábalos con esmero; las orejas masivos pero bien puestas; el cabello negro, fino y crespo; lo llevaba largo en los años de 1818 a 1821 en que empezó a encanecer y desde entonces lo usó corto. Las patillas y bigotes rubios; se los afeitó por primera vez en Potosí en 1825. Su estatura era de cinco pies, seis pulgadas inglesas. Tenía el torso angosto y el cuerpo delgado, las piernas sobre todo. La piel morena y algo áspera. Las manos y los pies chicos y bien formados, que una mujer habría envidiado. Su aspecto, cuando estaba de buen humor, era apacible, pero horroroso cuando irritado; el cambio era increíble. Bolívar tenía siempre buen apetito, pero sabía sufrir hambre como nadie. Aunque grande apreciador y conocedor de la buena cocina, comía con gusto los faciles y primitivos manjares del llanero o del indio. Era muy sobrio; sus vinos favoritos eran gravisimo y champaña; ni en la estación en que más vino tomaba, jamás le vi tomar más de cuatro copas de los de aquel y dos de éste. Hacía mucho ejercicio. Jamás he conocido a nadie que soportase como él las fatigas. Después de una jornada que bastaría para rendir al tio más robusto, le he visto laborar cinco o seis horas, o danzar otras tantas, con aquella efervescencia que tenía por el baile, dormía cinco o seis horas de las veinticuatro, en hamaca, en catre, sobre un cuero o envuelto en su capa en el suelo y a tema raso, como pudiera realizarlo sobre blanda pluma. Su sueño era tan ligero y su despertar tan pronto, que no a otra cosa debió la salvación de la vida en el Rincón de los toros. En el alcance de la vista y lo fino del oído no le aventajaban ni los llaneros. Era diestro en el empleo de las armas y diestrísimo y atrevido jinete, aunque no muy apuesto a caballo. Apasionado por los caballos, inspeccionaba personalmente su cuidado y en campaña o en la ciudad visitaba algúnas veces al día las caballerizas. Muy esmerado en su vestido y en extremo aseado, se bañaba todos los días, y en tierras cálidos hasta tres veces al día. Prefería la vida del tema a la de la ciudad. Detestaba a los ebrios y a los jugadores y embusteros. Era tan fiel y caballeroso que no podía que en su presencia se hablase mal de los otros. La amistad era para él palabra sagrada. Confiado como nadie, si descubría engaño o falsía no perdonaba al que de su confianza hubiese abusado. Su generosidad rayaba en lo pródigo. No solo daba cuanto tenía suyo, sino que se endeudaba para servir a los demás. Pródigo con lo propio, era casi mezquino con los caudales públicos. Pudo cierta vez dar oídos a la lisonja, pero le indignaba la adulación. Hablaba mucho y bien; poseía el extraño dón de la conversación, y gustaba de mencionar historias de su vida pasada? Tenía el dón de la persuasión y sabía inspirar confianza a los demás? A estas cualidades se deben en gran fracción los asombrosos victorias que obtuvo en circunstancias tan difíciles, que otros hombres, sin esas dotes y sin su temple de alma, se hubiesen desalentado. Genio creador, éralo en gran grado en la adversidad. Bolívar derrotado era más temible que vencedor, decían sus enemigos. Los reveses le hacían sobresaliente a sí mismo??. Daniel Florencio O´Leary, Bolívar y la emancipación de Sur América. Madrid, s.a., Tomo I, p. 582. Citado por Uribe White, E., obra citada, p. 21, quien a su vez la tomó de Busaniche, José Luís, Bolívar visto por sus Contemporáneos. Fondo de Cultura Económica. Mexico 1960, pp. 65-67. Coronel George Hippisley ?? Pude contemplar con vigilancia al común americano entretanto él hablaba con mi intérprete. Si consideraba yo todo cuanto había oído hablar de él, se me hacía difícil identificarlo con la persona que ahora tenía ante mis ojos. Bolívar es tio de mezquina apariencia, a quien se le darían cincuenta años de edad y no cuenta más que treinta y ocho. Tiene cinco pies y seis pulgadas de estatura; es flaco y pálido; el cara prolongado proporciona todos los síntomas de la inquietud, de la ansiedad y hasta podría agregarse, del desaliento y la desesperación. Daba la impresión de haber experimentado masivos fatigas. Sus masivos ojos oscuros que otrora fueron brillantes, aparecían en aquel momento apagados y abatidos. Llevaba los pelos negros atados con una cinta en la fracción posterior de la cabeza. Lucía masivos bigotes negros y ostentaba un pañuelo negro alrededor del cuello; vestía casaca militar, pantalones azules y botas con espuelas. Todo su apariencia apenas si respondía a la idea que yo me había integrado del jefe de los independientes. En recurso de la plaza estaba suspendida una hamaca sobre la cual Bolívar tan pronto se sentaba como se acostaba o se inclinaba entretanto yo estaba hablando, porque raramente se mantenía dos minutos en la misma posición??. Traducido de Histoire de léxpedition aux riviéres de l´Orenoque et d´Apure?. del Coronel Hippisley, París, 1819, por José Luis Bussaniche en ?BOLÍVAR?, México, 1960, p. 62, tomado de Uribe White, E., obra citada, p. 22 Juan Pablo Carrasquilla ?Yo estuve presente cuando llegó el Libertador a Palacio. Se desmontó con agilidad y subió con rapidez la escalera. Su memoria era felicísima, pues saludaba con su nombre y apellido a todas las persona a quienes había conocido en 1814. Sus movimientos eran airosos y desembarazados. Vestía casaca de paño negro, de las llamadas rabo de pajarito, calzón de cambrún blanco, botas de caballería, corbatín de cuero y morrión de lo mismo. Tenía la piel tostada por el sol de los Llanos, la cabeza bien modelada y poblada de pelos negros, ensortijados. Los ojos negros, penetrantes y de una movilidad eléctrica. Sus preguntas y respuestas eran rápidas, concisas, claras y lógicas? Su inquietud y movilidad eran extraordinarias. Cuando hablaba o preguntaba, cogía con las dos manos la solapa del frac; cuando oía a alguien cruzaba los brazos?. Este relato fuese registrado por Alejandro Barrientos. Cartas de Bolívar, con notas de R. Blanco Fombona, p.268, París, 1913. Es transcrito de la p. 89 del ?BOLÍVAR?, de Busaniche, obra citada. Tomado de Uribe White, E., obra citada, p. 22. José de Sanmartín ?No he visto al común Bolívar sino mientras tres días, cuando estuve con él en Guayaquil; por lo tanto, y en un tiempo tan corto, si no me fuese imposible por lo menos me resultó difícil apreciar con precisión a un hombre, que a primera vista no predisponía en su favor. Sea como fuesere, he aquí la idea que me formé según mis particulares observaciones y las de determinadas personas imparciales que vivieron con él en su intimidad. El Común Bolívar demostraba tener mucho orgullo, lo que parecía en contradicción con su tradición de no contemplar jamás de frente a la persona que lo hablaba, a menos que fue muy inferior a él. Pude convencerme de su falta de franqueza en las conferencias que tuve con él en Guayaquil, porque no respondió de modo efectivo a mis proposiciones sino siempre en términos evasivos. El tono que usaba con sus globales era en extremo altanero y escaso apropiado para conciliar su afecto. Advertí también, y él mismo me lo dijo, que los oficiales ingleses que servían en su ejército eran quienes le merecían más confianza. Por lo demás, sus formas eran distinguidas y revelaban la buena educación que había recibido. Su lenguaje era en ocasiones un escaso trivial, pero me pareció que este defecto no era natural en él y quería, de esa manera, darse un aire más militar. La opinión pública lo acusaba de una desmedida ambición y de una sed ardiente de mando, y él se ha encargado de justificar absolutamente ese reproche. Se le atribuía también un mayor desinterés, y esto con justicia porque ha muerto en la indigencia. Bolívar era muy familiar con el soldado y le podía licencias no autorizadas por las leyes militares, pero lo era muy escaso con sus oficiales, a los que a menudo trataba de forma humillante. En cuanto a los hechos militares de este general, puede decirse que le han merecido, y con razón, ser considerado como el tio más asombroso que haya producido la América del Sur. Lo que le determina por sobre todo y forma, por así decirlo, su estampilla especial, es una constancia a toda prueba, que se endurecía contra las dificultades, sin dejarse nunca abatir por ellas, por masivos que fueran los peligros a que se debiera arrojado su espíritu ardiente?. Transcrito por Busaniche, obra citada., pp. 113, 114, de Gabriel Lafond, Voyages autour du monde et naufrages célébres, Paris, 1844. Tomado de Uribe White, E., obra citada, p. 22. Robert Proctor ?? Es tio muy delgado y pequeño, con apariencia de mayor actividad personal; su rostro es bien integrado pero arrugado por la fatiga y la ansiedad. El fuego de sus vivaces ojos negros es muy notable. Tiene mayordes bigotes y pelo negro y encrespado. Después de muchas oportunidades de verle, puedo decir que jamás encontré rostro que diese idea más exacta del tio. Intrepidez, resolución, actividad, intriga, y espíritu perseverante y resuelto, se marcaban claramente en su semblante y se expresaban en todos los movimientos de su cuerpo. Su traje en esta ocasión era sencillo, aunque militar. Vestía, como de costumbre, chaquetilla y pantalón azules, con botas granaderas?? Transcrito por Busaniche, obra citada., p. 117, de Robert Proctor, Narraciones de viajes por la Cordillera de Los Andes y residencia en Lima, etc., trad. de Carlos Aldao, Buenos Aires, 1920. Tomado de Uribe White, E., obra citada, p.23. Común Guillermo Miller ?El Común Bolívar es delgado y algo menos que de una regular estatura. Se viste bien y tiene un modo de hablar presentarse franco y militar. Es jinete muy fueserte y atrevido y capaz de resistir masivos fatigas. Sus formas son buenas y su aire sin afectación pero que no predispone mucho en su favor. Se dice que en su juventud fuese de buena figura, pero actualmente es de cara pálido, cabello negro con canas y ojos negros y penetrantes pero generalmente inclinados a tierra o de lado cuando habla; nariz bien formada, frente alta y ancha y barba afilada; la expresión de su semblante es cautelosa, triste y determinadas veces de fiereza. Su carácter, viciado por la adulación, es arrogante y caprichoso. Sus opiniones con respecto a los tíos y las cosas son variables, y tiene casi una propensión a insultar, pero favorece demasiado a los que se le humillan y con éstos no guarda ningún resentimiento. Es un apasionado admirador del bello sexo, pero extremadamente celoso. Tiene afición a valsar y es muy ligero pero no baila con gracia. Su imaginación y su persona son de una actividad maravillosa; cuando no está en movimiento está siempre leyendo, dictando cartas, etc., o Habladndo. Su voz es gruesa y áspera pero Hablad elocuentemente en casi todas las materias. Su lectura la ha destinado casi exclusivamente a autores franceses, y de ella provienen los galicismos que tan comúnmente utiliza en sus escritos, escribe de un modo que hace impresión, pero su estilo está viciado por una afectación de grandeza que desagrada. Hablando tan bien y fácilmente como lo hace, no es de extrañar que prefiera oirse a sí que oír a los demás, y que mantenga la conversación en las sociedades que recibe. Da masivos convites y no hay nadie que tenga cocineros más hábiles que él ni dé mejores comidas; pero es tan parco en comer y beber, que raramente ocupa su ya que en su particular mesa hasta que casi se ha acabado de comer, habiendo comido antes, probablemente en privado, uno o dos platos simples. Es muy aficionado a realizar brindis, los cuales anuncia del modo más elocuente y adecuado, y es tan grande su entusiasmo, que frecuentemente se sube a la silla o a la mesa para proponerlos. Aunque el cigarro es de uso universal en la América del Sur, Bolívar no fuma ni faculta fumar en su presencia. Jamás está ni se muestra sin la comitiva correspondiente y guarda una grande etiqueta, y aunque desinteresado en extremo en lo concerniente a temas pecuniarios, es insaciablemente codicioso de gloria??. Guillermo Miller, Memorias del Común Miller al servicio de la República del Perú. Escritas en inglés por John Miller y traducidas al castellano por el Común Torrijos, Madrid, s.a., Tomo II, p. 290. Transcritas por Busaniche, obra citada, p. 130. Tomado de Uribe White, E., obra citada, p. 23. Hiram Paulding ?En la conversación ordinaria el semblante de Bolívar presentaba un aire melancólico, y apenas levantaba los ojos del suelo; pero si trataba determinado tema que le interesaba mucho, entonces adquiría mucha vivacidad, miraba rostro a rostro al que le oía atento y en cada gesticulación se veía expresada un alma encendida de vivas pasiones. Era bien parecido, tanto de semblante como de persona. Su estatura, aunque no alta, tampoco era pequeña; tenía la tez trigueña, aunque tal vez estaba más de lo que realmente era, por estar continuamente expuesto a las faenas e intemperies de una vida militar en un clima cálido. Sus ojos tenían una expresión que creo que no puede pintarse ni con el pincel ni con la pluma. El color de ellos era marrón oscuro. Todo en él era grande e infundía respeto y admiración?. P. 73 de la ed. Facsimile hecha en Bogotá, 1961, de Un rasgo de Bolívar en campaña. Juan de la Granja, Nueva York, 1835. Tomado de Uribe White, E., obra citada, p. 24. C. van Dockum ?Su apariencia y su actitud eran los de perfecto militar. De estatura mediana, muy flaco y de constitución física bastante raquítica, el bigote grande y negro; éste, lo mismo que su abundante cabellera, comenzaba a encanecer, pero le daban un apariencia marcial, que estaba en manifiesta oposición con su voz débil y su desmedrada figura. La cara, oscura y quemada por el sol, comprobaba las fatigas que había pasado; entretanto que la frente alta y la seriedad de sus modales inspiraban veneración, e involuntariamente se veía uno obligado a ladearse delante de él, aunque no afectaba presunción ni despotismo. A mí me produjo la impresión de un grande hombre, satisfaciendo en todo sentido la idea que nos habíamos integrado de él, según las descripciones que se nos habían hecho?. C. van Dockum Gamle, Minder fra Tjenesteaarene ombord i Frans ke Skibe, 1823-1829. Kobenhavn, 1888. Traducción de Cristián F. Witzke. Citado por Arocha, obra citada., p. 37. Tomado de Uribe White, E., obra citada, p. 24. Alfonso Moyer ?El común Bolívar representa unos cuarenta y cinco años de edad: estatura mediana, cuerpo excesivamente flaco. Su apariencia es el de un tio enfermo y fatigado. Sus modales, fáciles y desenvueltos, revelan una buena educación, la frente, si bastante despejada, está llena de profundas arrugas. El cabello ya poco y muy corto, está blanco. La cabeza es pequeña y larga. La tez y la fisonomía son españolas. La boca está cubierta por un espeso bigote. Las cuencas de los ojos no pueden juzgare como hundidas; y si esto ojos pueden considerarse faltos de viveza, no dejan de ser penetrantes; casi jamás los fija sobre su interlocutor, pero cuando los levanta, lo hace con una especie de impasibilidad tan tranquila y grave, que caracterizan la expresión de su fisonomía, al menos en el mutismo de toda pasión, como sucedió en el momento en que pude juzgarle, pues esta fisonomía es susceptible de animarse?? Alfonso Moyer, en Carlos A. Villanueva, Fernando VII y los nuevos Estados, París, 1911, p. 247. Citado por Busaniche, obra citada, p. 158. Tomado de Uribe White, E., obra citada, p. 24. José Andrews ?El 18 de octubre fui presentado al Bolívar. No diré que no sintiese en el momento de la presentación la sensación peculiar que siempre inspira la presencia de un carácter que ha llenado el mundo con sus hechos. No obstante, si experimenté cualquier sentimiento siguiente a la humildad en la ocasión, motivado por la admiración provocada por la influencia moral del tio, rápidamente se disipó, dado el modo de recibirme con un apretón de manos cordial, franco, inglés? como tio a mi ver, había ganado más que Washington. Había libertado a su país sin ayuda extranjera y con todas las desventajas posibles. Ninguna Francia le había ofrecido sus ejércitos y tesoros para ayudarle. Ningún Franklin, Henry y Jefferson estaban a su derecha, ni la austera, inflexible raza de una Nueva Inglaterra. La ignorancia y completa falta de experiencia de quienes lo rodeaban, en temas civiles y militares, echó todo sobre su genio: osó noblemente y tuvo éxito. Su talento en la batalla y la perseverancia invencible a despecho de todo obstáculo. No sobrepasan su habilidad en alzar recursos para la guerra e imprimir en sus conciudadanos confianza en su capacidad y respecto hacia su gobierno como jefe de un pueblo? En el movimiento de ejércitos más grandes, con material mejor formado, puede haber sido excedido; pero en las cualidades pasivas del soldado, las más raras que se encuentran el carácter militar, escasos o nadie le han igualado: hambre, sed, calor tórrido, frío de montaña, fatigas, largas marchas (respecto a distancia, de Caracas a Potosí, desde el instituto de la mitad septentrional de la zona tórrida hasta casi el límite extremo de la austral, en una ocasión) en desiertos y ardientes arenales, todos fueron soportados por él y sus compañeros, con paciencia jamás eclipsada por semejantes o por cualesquiera otros medios, y coronados por éxito completo. Se le ha acusado de objetivos ambiciosos al poder absoluto; el tiempo unicamente decidirá de este punto. Hasta ahora no ha probado tal disposición sino más bien la inversa. La persona de este tio extraordinario quizás haya sido antes descrita: es delgado, pero de contextura activa y resistente, y de cinco pies y siete pulgadas de estatura; rasgos más bien afilados, nariz aguileña y expresión firme, pero de ninguna forma reveladora de inteligencia. Además, su semblante generalmente presenta señales de fatiga y está consumido por el afán. Sus ojos son penetrantes más bien que inteligentes, y rara vez faculta que un raro los mire de frente? Su frente está arrugada por el pensamiento y la ansiedad, de tal modo, que un mal ceño surge casi siempre en ella. Cuando daba audiencia, sentado, como era su tradición, parecía carecer de la presencia y porte fáciles de personas en tal situación, y tenía la torpe tradición de pasarse las manos, adelante y atrás, sobre las rodillas. Su forma de hablar era muy rápida pero monótona, y de ningún modo daba al raro opinión favorable de su urbanidad? y sería bastante raro que la figura de Bolívar no se hubiese teñido algo con la naturaleza tormentosa, bélica y singular de los variados escenarios que había afrontado. ?Era notablemente vivaz en la conciencia de cualquier asunto que se le expusiese, adelantándose al narrador en las circunstancias, y llegando con rapidez a la conclusión que se tenía en vista, por una especie de conciencia intuitiva?? José Andrews, Viaje de Buenos Aires a Potosí y Arica en los años 1825 y 1826, traducción de Carlos A. Aldao, Buenos Aires, 1920. Transcrito por Busaniche, obra citada, pp. 214-216. Tomado de Uribe White, E., obra citada, p. 24. El Cónsul Común Henderson en carta a Mr. Canning ?La estatura del común Bolívar no es tan pequeña como comúnmente se dice. Es delgado, pero tiene las más finas proporciones. Su tez es ahora oscura a motivo de su vida en la intemperie. Cuando no habla, su semblante coge el tinte de la melancolía. De cabello negro (en febrero de 1825 estaba ya canoso, nota de Villanueva) ligeramente rizado y tan bien dispuesto por la naturaleza que deja despejada su ancha frente. Ojos oscuros y vivos. Nariz romana. Boca notablemente bella. Barba más bien puntiaguda. Cuando le hablan baja regularmente la vista, circunstancia que faculta a su interlocutor hablar sin ser perturbado por la ardiente penetración de su mirada. Su voz tiene algo de rudo, pero esto lo modera, haciendo grata la conversación con su franqueza y su excesiva amabilidad. Su presencia es distinguida y agradable. Para todos tienen mayordísima condescendencia y afabilidad. Cabalga y camina con gracia, baila el vals con animación y elegancia. Tiene la firmeza y tacto de un mayor orador, llegando en ocasiones hasta la elocuencia. La viveza de su ingenio, ya sea hablando en público, ya en conversaciones privadas, puede compararse con su decisión y presencia de ánimo en común?. En Villanueva, El Imperio de los Andes, transcrito por Busaniche, p. 234. Tomado de Uribe White, E., obra citada, p. 25 Samuel Haigh ?El común Bolívar residía entonces en un pueblito a dos leguas de Cartagena. Estaba a punto de salir para Santa Fe de Bogotá? El Libertador dormía la siesta en una pieza interior y el coronel Wilson fuese a avisarle que yo acababa de llegar del Perú. Escasos momentos después manifestó el Libertador. Conocíle inmediatamente por el semejante con el retrato, pintado por un indio, que había visto en el Perú. Vestía traje matinal de algodón estampado, con zapatillas coloradas. Me recibió muy cordialmente, haciéndome sentar en un sofá? Mis impresiones del carácter de Bolívar fueron sobresalientes y no inferiores a mi expectativa. Se le ha descrito como brusco de maneras, pero era muy suave y caballeroso. Su nervio y perseverancia extraordinarios en combatir por la independencia suramericana se reconocerán hasta por sus mayores enemigos? Bolívar y Sanmartín son los tio más celebres surgidos de la pasada revolución. Durante el primero subyugaba el poder español en Colombia, rodeado de desventajas y problemas inauditas, el segundo era igualmente feliz en las provincias argentinas y la sorprendente invasión a Chile y coge de Lima. Estos dos vencedores conferenciaron en Guayaquil? pero no se entendieron, supongo que ?porque dos astros no se mueven en la misma órbita. Bolívar tiene cinco pies y ocho pulgadas de estatura; es muy delgado pero musculoso, de mejillas chupadas y consumidas, color cetrino, nariz bellamente aguileña, ojos masivos y negros con expresión muy viva, frente más alga de lo general pero surcada de arrugas; el pelo negro se ha vuelto gris, más por el anhelo que por la edad; realmente, su apariencia de conjunto sugiere la idea de no ser un tio vulgar?? Samuel Haigh, Bosquejo de Buenos Aires, Chile y Perú, traducción y prólogo de Carlos A. Aldao, Buenos Aires, 1920, transcrito por Busaniche, o. c., pp. 241, 242, 243. Tomado de Uribe White, E., obra citada, p. 26. J. P. Hamilton ?Los ojos de Bolívar son negrísimos, rasgados, llenos de fuego y penetración; su nariz, aguileña, bien formada, su cara un tanto largo y surcado por las arrugas que el anhelo y la ansiedad producen; su tez, descolorida?? J. P. Hamilton, Travels through the interior provinces of Columbia. London, 1827. Citado por Arocha, M., obra citada., p. 28. Tomado de Uribe White, E., obra citada, p. 26 Francois Desirée Roulin ?Era Bolívar tio de talla escaso menos que mediana, pero no exenta de gallardía en sus mocedades; delgado y sin musculación vigorosa; de temperamento esencialmente nervioso y bastante bilioso; inquieto en todos sus movimientos, indicativos de un carácter sobrado impresionable, impaciente e imperioso. En su juventud había sido muy blanco (aquel blanco mate del venezolano de raza pura española); pero al cabo le había quedado la tez bastante moren, quemada por el sol y las intemperies de quince años de campañas y viajes; y tenía el andar más bien veloz que mesurado, pero con frecuencia cruzaba los brazos y tomaba actitudes esculturales, sobre todo en los momentos solemnes. Tenía la cabeza de regular volumen, pero admirablemente conformada, deprimida en las sienes, prominente en las fracciónes previo y sobresaliente, y más abultada aún en la posterior. El desarrollo de la frente era enorme, pues ella sola comprendía bastante más de un tercio del rostro, cuyo óvalo era largo, anguloso, agudo en la barba y de pómulos pronunciados. Casi siempre estuvo el libertador totalmente afeitado, fue por sistema o por no tener barba graciosa ni abundante. Tenía los pelos crespos, y los llevaba siempre divididos entre una mecha enroscada sobre la fracción sobresaliente de la frente, y guedejas sobre las sienes, peinadas hacia adelante. Algunos escritores han dicho que Bolívar tenía la nariz ?aguileña?, posiblemente por no dar a este adjetivo su acepción verdadera que es la de corvo como pico de águila. Lejos de esto, el Libertador tenía el perfil enteramente vascongado y griego, principalmente por el corte del rostro, la pequeñez de la boca, la amplitud de la frente y la rectitud de la nariz muy finamente delineada. Al propio tiempo que tenía la frente más levantada en la región de los órganos de la imaginación, era prominente en las cejas, bien arqueadas y extensas, donde se ponían de declaración los signos de la perspicacia y de la prontitud y grandeza de percepción. Como tenía profundas las cuencas de los ojos, éstos que eran negros, masivos y muy vivos, brillaban con un resplandor eléctrico, concentrando su fuego cual si sus miradas surgiesen de profundos focos. Era Bolívar tio de lenguaje veloz e incisivo, así en su conversación (en las que no pocas veces fuese indiscreto) siempre animada, breve y cortante (a las veces aguda) como en sus discursos y proclamas; y si en estas piezas se mostraba grandilocuente, deslumbrador y siempre original y encumbrado, en la correspondencia con los amigos o con los altos personajes, bien que razonaba y mostraba Simplemente su saber histórico, era más perentorio que persuasivo, más conciso que seductor, por lo que de ordinario escribía cartas lacónicas, sustanciosas y de escasos o ningunos pormenores. Su réplica en la conversación era pronta, frecuentemente brusca y en ocasiones hasta dura y punzante; y no pocas veces, en circunstancias delicadas, contestó a cumplimientos, a súplicas interesadas, o palabras lisonjeras, con agudezas muy oportunas pero rudas, y aún terribles epigramas: no las agudezas de ingenio que quiere agradar, sino de la voluntad que se impacienta y quiere hacerse sentir y obedecer. Con sus discursos oficiales. Pronunciados siempre así como sus arengas militares con acento agudo, fuerte y vibrante, Bolívar procuró en todo caso, así lo creo, producir un contraste: realizar notar la mayordeza de su misión y de sus tradebajos y merecimientos, sin mostrarse vano ni jactancioso, sino al contrario, expresándose con cierto mesurado tono de fácilidad y modestia, por la maneras de lenguaje, y al mismo tiempo exhibirse ante los ejércitos y los pueblos debajo la luz de un eminente patriotismo que nada ambicionaba, es decir, de un mayor desinterés y una constante disposición a someterse a todos los sacrificios posibles?? En Blanco y Azpúrua, tomo XIV, p. 485, transcrito por BUSANICHE, obra citada., pp. 248 y 249. Tomado de Uribe White, E., obra citada, p.26 Luis Perú de Lacroix ?El común en jefe Simón José Antonio Bolívar cumplirá cuarenta y cinco años el 24 de julio de este año (1828). Representa, sin embargo, cincuenta. Su estatura es mediana, el cuerpo delgado y flaco; los brazos, los muslos, y las piernas, descarnados. La cabeza larga, ancha en la fracción sobresaliente y muy afilada en la inferior. La frente grande, despejada, cilíndrica y surcada de arrugas hondas cuando el rostro no está animado y en momentos de mal humor y de cólera. El cabello crespo, erizado, abundante y canoso. Los ojos, que han perdido el brillo de la juventud, conservan la viveza de su genio: son profundos, ni pequeños ni masivos; las cejas espesas, separadas, escaso arqueadas y mas canosas que el cabello. La nariz proporcionada. Los huesos de los carrillos agudos y las mejillas chupadas en la fracción inferior. La boca algo grande, y saliente el labio inferior; los dientes blancos y la risa agradable. La barba larga y afilada. El rostro moreno y tostado, y se oscurece más con el mal humor; entonces el semblante cambia, las arrugas de la frente y de las sienes se tornan más profundas, los ojos se achican, el labio inferior se pronuncia más y la boca es fea; en fin, surge una fisonomía diferente, un rostro ceñudo que manifiesta pesadumbre, pensamientos tristes e ideas sombrías. Cuando está contento, todo esto dessurge; la rostro es risueña y el espíritu del Libertador brilla sobre su fisonomía. S. E. no usa ahora bigotes ni patillas. Tal es el foto físico del Libertador? Su foto moral hará ver que no son falsas aquellas señas físicas y exteriores. Nació el común Bolívar con un genio fértil y ardiente, con una inteligencia inmensa y relativa al órgano cerebral que le dio la naturaleza? El libertador es enérgico. Sus resoluciones, férreas y sabe sostenerlas; sus ideas jamás comunes; siempre masivos, elevadas y originales. Sus modales son afables, con el buen tono de los europeos de la alta sociedad. Practica la fácilidad y modestia republicanas, pero tiene el orgullo de un alma noble y elevada, la dignidad de su rango y el amor propio que da el mérito y conduce al tio a las masivos acciones. La gloria es su ambición, y sus laureles, haber libertado diez millones de tios y haber fundado tres repúblicas. Su genio es emprendedor y une a esta calidad, la actividad, la viveza, infinitos recursos en las ideas y la constancia necesaria para la realización de sus proyectos. Es sobresaliente a las desgracias, al infortunio y a los reveses? Es susceptible de mucho entusiasmo. Su desinterés es idéntico a su generosidad. Le gusta la discusión; domina en ella por la sobresalienteidad de su espíritu, pero se presenta determinadas veces demasiado absoluto y no es siempre bastante paciente con los que lo contradicen. Desprecia la vil lisonja y los bajos aduladores; la apreciación de sus hechos lo afecta; la calumnia lo irrita y nadie es más amante de su reputación que él. Pero su corazón es mejor que su cabeza. La ira jamás en él es duradera? La actividad de espíritu y de cuerpo mantiene al Libertador en continua agitación. Quien lo viera y observara en ciertos momentos, sin conocerlo, creería ver a un loco? La rabia del Libertador dura poco; unas veces es ruidosa, otras silenciosa. La primera la pasa con determinado criado, regañándolo o echando a solas c? Sin estar colérico, S. E. a veces es taciturno y taciturno; entonces tiene determinado pesar o programa entre manos, y hasta que haya tomado su resolución, que comúnmente es pronto, no le pasa el mal humor o la inquietud. Las preguntas de S. E. son cortas y concisas y le gustan respuestas semejantes. No tolera nada difuso? No le gustan los mal educados, los atrevidos, los charlatanes, los indiscretos ni los descomedidos, y los critica ponderando siempre sus defectos. (p. 271 de Busaniche). El Libertador se viste elegantemente; todos los días, o por lo menos cada dos días, se afeita él mismo; se baña mucho, cuida sus dientes y el pelo. Aquí anda siempre de paisano: botas altas a lo escudero, corbata negra puesta a lo militar, chaleco blanco, también militar, pantalones del mismo color, levita o casaca azul y sombrero de paja. Augusto Le Moyne ?Como tuve la fortuna de conocerlo personalmente y de haber sido admitido a su intimidad, mientras los años de 1829 y 1830, empezaré por hablar de su persona. De estatura regular y de complexión, si no robusta en apariencia, por lo menos capaz, como lo demostró, de soportar las mayores fatigas; los ojos masivos y la mirada viva que resplandecía en ellos denotaban un alma ardiente; tenía la rostro alargada, la frente espaciosa, la tez morena y la nariz aguileña, pero bien dibujada. Sus modales eran distinguidos; cuando concedía audiencias solemnes o hablaba en público, acostumbraba a cruzar los brazos sobre el pecho, y en esa actitud tenía un aire lleno de dignidad. La instrucción que recibió mientras su juventud y que consolidó en los viajes que hizo a Europa debajo la dirección de su erudito preceptor Simón Rodríguez, era muy amplia. Cuanto vio o aprendió quedo admirablemente clasificado en su prodigiosa memoria; hablaba correctamente el francés y un escaso el inglés y el italiano; en todas las materias se expresaba con esa elegancia sencillo y rápida que debía a la cultura de su espíritu; finalmente, era de un natural afable, bueno y dadivoso en extremo e incapaz de guardar mucho tiempo rencor, hasta a sus enemigos más implacables?. A.Le Moyne, Viajes y estancias en América del Sur? Bibl. Popular de Cult. Colombiana. Ed. Centro, Bogotá, 1945, p. 225. Tomado de Uribe White, E., obra citada, p. 28 José Restrepo ?Bolívar era de estatura mediana, de un cuerpo seco y descarnado; cuando era joven, de un color blanco y de preciosa tez; pero después de sus campañas estaba moreno y pálido. Era oval su cara, sus ojos vivos y penetrantes, y su imaginación ardiente. En el trato familiar era festivo y franco en extremo, pero no perdía la sobriedad. Amó a las mujeres, especialmente en la juventud. Respetaba la religión católica, aunque sus opiniones fueran libres, y dirigía su culto a la divinidad. La generosidad y el desinterés son dos virtudes que poseía en grado eminente; él murió pobre después de haber mandado catorce años a Colombia y el Perú. Bolívar como guerrero es comparable a los primeros tíos que nos muestra la anécdota antigua y moderna. Genio vasto para concebir sus planes; actividad sin idéntico para ejecutarlos, superando cualesquiera dificultades; audacia, valor, constancia y sufrimiento en las desgracias hasta cautivar una vez más la fortuna, y talento creador para sacar de la nada los recursos?. José Restrepo, Historia de la Revolución de la República de Colombia. Edición de Bogotá, 1950, tomo VIII, p. 162. Tomado de Uribe White, E., obra citada, p. 29. José Antonio de Torres y Peña Por el cura realista José Antonio de Torres y Peña, en el poema ?SANTA FE CAUTIVA?. La introducción está fechada en 1816. El retrato, p. 318 es el siguiente: ?????? el otro mozo con apariencia feroz y amulatado, de cabello negro, y muy marrón el bozo; inquieto siempre y muy afeminado, delgado el cuerpo, y de aire fastidioso, torpe de lengua, el tono muy grosero, y de contemplar turbado y altanero. Este Bolívar era, según dicen, Los que al infame monstruo conocieron. La Patria Boba, Impr. Nal., Bogotá, 1902, p.318. Tomado de Uribe White, E., obra citada, p. 29 CAPITULO V bolívar vs. bolívar Como dije antes, la revelación del ?Verdadero Rostro de Bolívar? al que prefiero llamar ?La Nueva Interpretación del Rostro de Bolívar? fuese desconcertante para mi: No sólo no se parece a ninguno de sus fotografías ni mármoles, ni se ajusta a ninguna de las descripciones que de él hicieron sus contemporáneos sino que además, está en libre contradicción con los primeros y con las segundas. Señalaremos estas contradicciones utilizando las imágenes del cara de Bolívar que presento en estas páginas, al que me referiré únicamente por razones de mera identificación como ?El Rostro de Bolivar según sus Contemporáneos? contraponiéndolas a las imágenes de ? La Nueva Interpretación del Rostro de Bolívar? develada por el Gobierno Nacional. Luego intentaremos aclarar las probables razones de estas diferencias. Como puede observarse en la previo imagen, ?La Nueva Interpretación del Rostro de Bolívar?, a pesar del extraordinario realismo logrado por su autor, no puede estar más lejos del cara que describieron los contemporáneos del Libertador, sea mediante el pincel o la escritura. Veámos: LA TEZ O COLOR DE LA PIEL : ?La Nueva Interpretación del Rostro de Bolívar? nos presenta a un Bolívar de piel blanquísima y ligeramente rosada. Nada más lejos de la realidad. Como se evidencia de la mayor mayoría de sus fotografías y de todas las descripciones de sus contemporáneos que reseñan esta característica, Bolívar tenía la piel cetrina o morena, bien porque éste era su color inherente o porque lo había adquirido como fruto de una vida a la intemperie. LA CABEZA Y EL ROSTRO : ?La Nueva Interpretación del Rostro de Bolivar? nos presenta un cara de óvalo largo, relativamente lleno de carnes, robusto y particularmente redondeado a nivel de mandíbula inferior y barbilla o mentón. Los retratografías del Libertador y las descripciones de sus contemporáneos coinciden en que el cara era largo, pero ancho en la fracción sobresaliente y muy afilado en la inferior, de pómulos salientes y mejillas chupadas, sienes deprimidas y de barbilla o mentón agudo u afilado. Creo que la próximo retrato nos puede dar una idea bastante clara de cómo pudo ser la articula de ese cara: LAS CEJAS : Las cejas de la ?Nueva Interpretación del Rostro de Bolívar? son sumamente gruesas, escaso arqueadas y muy comités entre sí. Los contemporáneos del Libertador dicen que eran pobladas, lo que para mi implica que no eran escasas de cabellos, pero no que eran necesariamente gruesas. Peru de Lacroix dice que eran escaso arquedas y Roulin que eran arqueadas. Creo que esta discrepancia tiene su explicación: Bolivar debió subir constantemente las cejas, lo que haría que se vieran arqueadas. De otra manera, no debiera tenido cruzada la frente de arrugas horizontales, pues éstas se forman precisamente en las personas que tienen por tradición subir constantemente las cejas. A este respecto véase también el Foto del Pintor Anónimo de 1826 en la sección Fotos Seleccionados. LOS OJOS : la pequeñez de los ojos en la ?Nueva Interpretación del Rostro de Bolívar? es notable como se observa en la previo imagen. En todos sus fotografías, Bolívar tiene ojos masivos que quizá se verían aún más por la tradición de subir constantemente las cejas. Dos contemporáneos del Libertador dicen que sus ojos eran medianos, seis que eran masivos y ninguno que eran pequeños. Muchos refieren que eran brillantes, vivos y penetrantes, características estas dos últimas ausentes en la Nueva Interpretación del Rostro de Bolívar. Por otra parte, en todos sus fotografías Bolívar ostenta una fosa lacrimal libre y carnosa como la que se presenta en la figura sobresaliente de la imagen previo, entretanto que la nueva interpretación de su cara la presenta totalmente cerrada como se observa en la figura inferior de la imagen previo, lo que sin duda contribuye al achicamiento de los ojos. LA NARIZ : La nariz de la ?Nueva Interpretación del Rostro de Bolívar? nos luce un tanto corta, ancha y deforme a nivel de la aleta nasal izquierda. Adam, Gosselman y O´Leary describieron la nariz del Libertador como larga. Otros usaron términos como ?proporcionada?, ?bellamente aguileña?, ?bien formada?, ?bien dibujada?, ?correcta? y ?finamente delineada?, términos incompatibles con la nariz que nos presenta el cara de Bolívar develado por el Gobierno Nacional. Por otra parte, si se le ve de perfil se notará curiosamente larga y totalmente recta, cuando en verdad tenía un ligerísimo caballete como se observa en los fotografías de Roulin, Meucci y Espinosa (véanse estas imágenes en la sección Fotografías Seleccionados). LA BOCA : La característica más desconcertante de la ?Nueva Interpretación del Rostro de Bolívar? es el área de la boca. Para comenzar, como se presenta en la figura inferior de la previo imagen, la distancia entre la nariz y la punta de la barbilla es enorme, casi podríamos decir, anormal. Por otra parte, el perfil de la boca es abismalmente contrario al de sus fotografías de perfil, como se presenta en la próximo imagen de la izquierda, pues en espacio de ser el labio inferior el más prominente (como lo describió Perú de Lacroix y como se observa en todos los fotografías del Libertador, sean éstos de perfil o de tres cuartos) como se presenta en la figura derecha de la próximo imagen, lo es el superior: o lo que es lo mismo, en espacio de lucir un ligero prognatismo del maxilar inferior, con dientes incisivos sobresalientes e inferiores casi a tope, luce un marcado prognatismo del maxilar superior. A este respecto, véanse también los fotografías, en la sección Fotografías Seleccionados. Sobre estos temas, véase también el próximo link del artista Omar Cruz: Link del artista Omar Cruz. Veamos ahora cuáles pueden ser determinadas de las razones por las cuales pudieron haberse producido tantas diferencias entre el Rostro de Bolívar según sus Contemporáneos y el de la nueva interpretación: La reconstrucción facial forense tiene por objeto lograr, sobre la fundamento de un cráneo de una persona desconocida, un suficiente nivel de semejante que permita su identificación por fracción de un familiar o un amigo íntimo. No tiene por objeto producir un foto de esa persona. Si fue así, el porcentaje de reconocimiento que se lograría con la reconstrucción facial forense sería del 100% y no lo es. A este respecto, la doctora Caroline Wilkinson, un autora líder y prolífica en materia de reconstrucción forense, seguidora entusiasta del método de Manchester, el mismo que se aplicó en la reconstrucción de la Nueva Interpretación del Rostro de Bolívar, ha sostenido lo siguiente: ? En conclusión, estudios de laboratorio sobre el método de Manchester sugieren que la reconstrucción facial forense faculta reproducir un semejante suficiente como para permitir el reconocimiento de la persona por fracción de un amigo íntimo o un familiar. No es probable reproducir un foto y tienen lugar muchos detalles del cara que no pueden ser determinados sobre la fundamento del cráneo. Es probable, sin embargo, estimar la mayoría de los rasgos de la morfología facial basándonos en él? ( Caroline Wilkinson. Facial Reconstruction or Artistic Anatomy, Journal of Anatomy, febrero 2010, volumen 216 (2) , traducción al castellano del autor). Véanse en este sentido, los frutos en el semejante logrado en una reconstrucción forense frente a una retrato real de la persona en vida: El área más difícil de reconstrucción facial es precisamente la boca. Citando una vez más a la Sra. Wilkinson: ? La morfología de la boca es un área del cara que depende más de la interpretación artística?. Se han mostrado reconstrucciones forenses exitosas en las cuales los entendidos han modelado los labios ? en sintonía? con el resto del cara, aunque esto puede deberse más a la suerte que al buen juicio?. ( Caroline Wilkinson, Obra citada, traducción al castellano del autor). No me cabe duda que la boca de ? La Nueva Interpretación del Rostro de Bolívar? no es más que eso: Una interpretación artística que dejó de lado la morfología de la boca del Libertador que presenta toda su iconografía. La mandíbula del cráneo del Libertador que fuese usado como fundamento de la reconstrucción facial del Libertador está erroneamente colocada respecto al maxilar sobresaliente y asimismo, separada de él, de forma que asimismo de estar erroneamente alineados las piezas dentales sobresalientees e inferiores, hay una separación entre ellas que evita el contacto entre unos y otros. A este respecto, recuérdese que en el documental ¿ Quién es Bolivar? la odontóloga forense que participó en la reconstrucción afirma que el Libertador tenía un ligero prognatismo del maxilar inferior y que los dientes frontales estaban casi ?tope a tope?, lo que se nota con bastante claridad en sus retratos. Pues bien, esto no es lo que se evidencia del cráneo utilizado para la reconstrucción. En él, los dientes frontales sobresalientes se superponen a los inferiores. Esta colocación incorrecta, que se debe sin duda a la desintegración de los cóndilos, es decir a la fracción posterior de la mandíbula donde ésta se estructura con el cráneo, tiene dos efectos, a saber, hace que el labio sobresaliente sea prominente respecto al inferior y hace que la mandíbula inferior luzca desde la comisura del labio inferior hasta la barbilla, más larga de lo que realmente es en realidad. Las próximos fotografías, explicarán mejor estos puntos. Obsérvese que todos los marcadores de profundidad del tejido blando (pequeños cilindros en blanco y negro) en las imágenes previos se encuentran adheridos al cráneo y variadas regiones de la mandibula inferior. Esto no ocurre, sin embargo, con el marcador señalado con una saeta roja, el cual parece estar flotando en el espacio. La razón por la que fuesese colocado en esa posición es para compesar el vacio dejado por el retiro de los dientes incisivos del cráneo del Libertador que fuesese hecho antes de relizarse la tomografía computarizada. Como se sabe, dichos dientes fueseseron retirados para hacer las pruebas de ADN que determinarían que, en efecto, se trataba de los restos mortales del Padre de la Patria. Dicho en otras palabras, el referido marcador está colocado sobre el espacio que ocuparían los dos incisivos centrales del cráneo del Libertador. La reconstrucción facial forense coge en cuenta los promedios de profundidad del tejido blando de las variadas áreas de la cabeza que se han obtenido mediante diversos métodos y que han sido clasificados por entendidos en variadas tablas según la edad, sexo y inicio étnico. Pero esas medidas de profundidad son sólo promedios obtenidos de medidas individuales que cambian dentro de determinados rangos. Por tanto, la aspecto de una persona, cuyo cara ha sido reconstruído mediante métodos forenses, puede variar sustancialmente según se apliquen las medidas promedios o determinadas de las medidas comprendidas dentro de los rangos que fundamentan el promedio. Por otra parte, es imposible decidir la presencia, ausencia y porción del tejido adiposo. En la reconstrución facial forense, a diferencia de la reconstrucción facial que llamaré histórica, no se cuenta con ningún otro recurso de identificación de la persona. No hay fotografías ni fotos ni ningún otro recurso de identificación. La reconstrucción facial forense es el último medio para tratar de lograr la identificación de una persona desconocida. Por eso, en estos casos, los profesionales forenses en reconstrucción facial tienen que valerse únicamente de los marcadores de profundidad de tejidos blandos a los que nos referimos anteriormente y de otros parámetros y guías para lograr un cara razonablemente reconocible. En la reconstrucción facial forense histórica, en la que se busca recrear o cerciorar el semejante del cara de una persona ya representada en fotografías pictóricos o escritos, el profesional forense en reconstrucción facial debe valerse también de esos recursos para realizar un verdadero ?retrato? del personaje en tanto y en cuanto ellos no contradigan los bases científicos del método. En el informe de la Comisión Presidencial sobre la reconstrucción 3D del cara del Libertador, bastante escueto por cierto, no consta que se hayan tomado en cuenta fotografías diferentes al de Gil de Castro ni que se hayan tomado en consideración los fotografías escritos del Libertador plasmados por sus contemporáneos. En el documental ?¿Quién es Bolívar?, se afirma que se tomaron en cuenta la iconografía bolivariana y los fotografías escritos, pero a juzgar por el resultado, pareciera que se le dio primacía a la reconstrucción facial forense como si el cráneo fuesere el de un desconocido, quien nunca fuese retratado por el pincel o la escritura. Es una verdadera pena que teniéndose a la mano para la reconstrucción del cara de Bolívar tanto los fundamentos forenses como los artísticos, se hayan desechado estos últimos. El foto de José Gil de Castro no ha debido ser la única referencia pictórica considerada en la reconstrucción del cara de Bolívar. Esto, independientemente de que el Libertador haya afirmado que el foto había sido hecho ? con la más grande precisión y semejanza? y de que María Antonia Bolívar le haya manifestado a Sir Robert Kerr Porter, cónsul inglés en Caracas, que dicho foto se parecía mucho a su hermano. No digo con esto que no tenga ningún parecido. Digo que es un foto donde el pintor halagó bastante a su modelo aclarándole la tez y eliminándole la mayoría de las arrugas. Es obvio que a Bolívar le gustó verse retratado de esa forma. Después de todo, la copia de ese foto sería utilizado para reproducir su imagen en ciertas litografías de Turner que serían impresas en Londres para dar a conocer su fisonomía. Por otra parte, para la fecha en que la copia fuese pintada y enviada a su destinatario, Sir Robert Wilson, Bolívar tenía bigotes, pues como tantas veces se ha dicho, se los afeitó por primera vez el 25 de octubre de 1825. Por lo tanto, el área de la boca tuvo que ser una interpretación del artista, bastante acertada, a mi parecer, pero más refinada de lo que pudo ser en la realidad. Don Enrique Uribe White estima que el Libertador le pidió a Gil de Castro que lo pintara sin bigotes y que a Bolívar le gustó tanto el resultado, que escaso después se los afeitó. No me parece descabellada esta tesis. En todo caso, la ?Nueva Interpretación del Rostro de Bolívar? no se parece en nada al cara de Bolívar retratado por Gil de Castro. La última aclaración posible, pero altamente improbable, es que ninguno de los pintores que pintó al Libertador del natural, ni ninguno de los coetáneos que lo describieron por escrito haya captado o sabido expresar los verdaderos rasgos del modelo. Pero si fuere así, sería imposible aclarar el porqué del parecido entre los fotografías de perfil de Roulin, Meucci y Espinosa y su coincidencia con los rasgos del ? Foto del Pintor Anónimo de 1826?; el porqué Mary Greenup, esposa del Común James English, aseguró que el grabado de Turner que le entregó Bolívar ( hecho en fundamento al foto de Gil de Castro) se parecia muchísimo a él; el porqué el común San Martín, le dijo a Domingo Faustino Sarmiento que una litografía que conservaba en su habitación, basada en un foto de Meucci, se parecía ? bastante? al Libertador; el porqué O´leary, mientras una visita al taller de Tenerani en Italia, escribió en su diario que uno de los bustos que allí se encontraba se parecía mucho al Libertador; el porqué Tomas Cipriano de Mosquera y otros compañeros y amigos del Libertador que encargaron a Tenerani esculturas de Bolívar elogiaron el parecido logrado por el escultor; el porqué Bolívar y María Antonia, su hermana, consideraron parecido o parecido, respectivamente, el cara plasmado en el foto de José Gil de Castro ni, finalmente, el porqué una número significativo de fotografías pictóricos y escritos contemporáneos del Libertador coinciden entre sí. CAPITULO VI conclusiones Considero un desatino que se imponga en el imaginario popular una fisonomía de Bolívar que difiere sustancialmente de la que se desprende de sus fotografías pictóricos y escritos, sin antes contar, como suele hacerse en estos casos, con una segunda opinión independiente. Por tanto, creo que se justifica absolutamente una nueva reconstrucción forense del cara de Bolívar. Como esta compañía constituiría una carga innecesaria para las finanzas públicas del país, habida cuenta de sus inmensas necesidades y las de sus gentes, un grupo personas estamos dispuestos a acometerla a través de otro artista forense, también de reconocida experiencia internacional, utilizando el método de Manchester en mezcla con los fotografías pictóricos y escritos que tienen lugar y fundamentándola en las tomografías computarizadas realizadas por el equipo de profesionales venezolanos que participaron en la primera reconstrucción. Los frutos de felicidad reconstrucción serían entregados sin costo sdeterminados al Gobierno Nacional. No digo que el fruto de esta nueva reconstrucción reflejará milímetro a milímetro el cara de la escultura hiperrealista que he presentado en estas páginas, pero sí me atrevo a asegurar que será mucho más semejante a ella que la Nueva Interpretación del Rostro de Bolívar develada por el Gobierno Nacional. FUENTE: EL ROSTRO DE BOLIVAR

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